Study · Persona
Jacobo
Jacobo — en griego Iakobos, forma del nombre hebreo Ya'aqov (Jacob) — corresponde a varios personajes del Nuevo Testamento, pero esta ficha trata de Jacobo, el hermano de Jesús, dirigente de la iglesia de Jerusalén, a quien la tradición cristiana llamaría después Jacobo el Justo. En español su nombre aparece también como Santiago, forma con la que se titula la epístola; ambas formas traducen el mismo nombre griego. La glosa tradicional «suplantador» procede del relato del Génesis en que Jacob agarra el talón de Esaú (Génesis 25:26; 27:36), y no de una derivación léxica indiscutida: la etimología de Ya'aqov está debatida, y algunos especialistas leen la forma original como un nombre de oración abreviado, con un sentido cercano a «que Dios proteja». Los Evangelios lo mencionan en primer lugar entre los hermanos de Jesús, cuando la gente de Nazaret pregunta: «¿No es éste el hijo del carpintero? … ¿y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?» (Mateo 13:55; Marcos 6:3). Juan anota luego, sin rodeos, que «ni aun sus hermanos creían en él» (Juan 7:5), y por eso resulta tan llamativo lo que ocurre después de la resurrección. Pablo lo cuenta entre los testigos del Resucitado — «después apareció á Jacobo; después á todos los apóstoles» (1 Corintios 15:7) — y al subir a Jerusalén declara que no vio a ningún otro apóstol «sino á Jacobo el hermano del Señor» (Gálatas 1:19). Más adelante lo nombra el primero de los tres «que parecían ser las columnas», junto a Cefas (Pedro) y Juan (Gálatas 2:9). Hechos muestra el mismo recorrido desde dentro: Pedro, liberado de la cárcel, pide que se dé aviso «á Jacobo y á los hermanos» (Hechos 12:17); en el concilio de Jerusalén Jacobo habla en último lugar y de manera decisiva, y propone las condiciones con que los creyentes gentiles son recibidos sin circuncisión (Hechos 15:13-21); y Pablo, en su última visita a la ciudad, se presenta ante Jacobo y los ancianos (Hechos 21:18). La Escritura nunca le da ese título, pero los escritores cristianos antiguos empezaron a llamarlo «Jacobo el Justo» por su fama de rectitud y de oración. Fuentes ajenas al Nuevo Testamento — el historiador judío Flavio Josefo y la tradición eclesiástica conservada por Eusebio — refieren que murió en Jerusalén a comienzos de los años 60 d.C.; sus relatos difieren en los detalles, y el Nuevo Testamento nada dice de su muerte. Su vida traza un arco notable: del hermano que no creía, al testigo del Resucitado, al centro firme de la iglesia madre.
Acerca de
Jacobo — en griego Iakobos, forma del nombre hebreo Ya'aqov (Jacob) — corresponde a varios personajes del Nuevo Testamento, pero esta ficha trata de Jacobo, el hermano de Jesús, dirigente de la iglesia de Jerusalén, a quien la tradición cristiana llamaría después Jacobo el Justo. En español su nombre aparece también como Santiago, forma con la que se titula la epístola; ambas formas traducen el mismo nombre griego. La glosa tradicional «suplantador» procede del relato del Génesis en que Jacob agarra el talón de Esaú (Génesis 25:26; 27:36), y no de una derivación léxica indiscutida: la etimología de Ya'aqov está debatida, y algunos especialistas leen la forma original como un nombre de oración abreviado, con un sentido cercano a «que Dios proteja». Los Evangelios lo mencionan en primer lugar entre los hermanos de Jesús, cuando la gente de Nazaret pregunta: «¿No es éste el hijo del carpintero? … ¿y sus hermanos Jacobo y José, y Simón, y Judas?» (Mateo 13:55; Marcos 6:3). Juan anota luego, sin rodeos, que «ni aun sus hermanos creían en él» (Juan 7:5), y por eso resulta tan llamativo lo que ocurre después de la resurrección. Pablo lo cuenta entre los testigos del Resucitado — «después apareció á Jacobo; después á todos los apóstoles» (1 Corintios 15:7) — y al subir a Jerusalén declara que no vio a ningún otro apóstol «sino á Jacobo el hermano del Señor» (Gálatas 1:19). Más adelante lo nombra el primero de los tres «que parecían ser las columnas», junto a Cefas (Pedro) y Juan (Gálatas 2:9). Hechos muestra el mismo recorrido desde dentro: Pedro, liberado de la cárcel, pide que se dé aviso «á Jacobo y á los hermanos» (Hechos 12:17); en el concilio de Jerusalén Jacobo habla en último lugar y de manera decisiva, y propone las condiciones con que los creyentes gentiles son recibidos sin circuncisión (Hechos 15:13-21); y Pablo, en su última visita a la ciudad, se presenta ante Jacobo y los ancianos (Hechos 21:18). La Escritura nunca le da ese título, pero los escritores cristianos antiguos empezaron a llamarlo «Jacobo el Justo» por su fama de rectitud y de oración. Fuentes ajenas al Nuevo Testamento — el historiador judío Flavio Josefo y la tradición eclesiástica conservada por Eusebio — refieren que murió en Jerusalén a comienzos de los años 60 d.C.; sus relatos difieren en los detalles, y el Nuevo Testamento nada dice de su muerte. Su vida traza un arco notable: del hermano que no creía, al testigo del Resucitado, al centro firme de la iglesia madre.
Significado del nombre: Forma griega de Jacob (Ya'aqov) — tradicionalmente «suplantador»